Low cost empresarial: producir con beneficio

No esperes resultados distintos, si sigues haciendo lo mismo.


Esta frase atribuida a Albert Einstein facilita la presentación de una estrategia alternativa empresarial que permite generar cash, liberar recursos y aumentar la productividad en sectores industriales, de servicios y administraciones con actividades basadas en procesos.

El low-cost se asocia a vuelos baratos. Bajar los precios de los billetes ha sido posible al eliminar ciertas fases del “proceso de volar” que al viajero común le son indiferentes o no está dispuesto a pagar por ellas. ¿Que desea un viajero? Llegar a destino, por supuesto. Cuando los viajeros no piensan de antemano en cancelar su vuelo y no van a viajar con equipaje muy pesado, pueden conseguir vuelos más baratos.

El low cost empresarial se alinea con dicho pensamiento. Propone revisar todo el proceso, desde que se genera un pedido hasta que se entrega -y se cobra- para detectar las tareas y actividades que cuestan dinero y que se cobran al cliente pero que realmente no forman parte del valor que se les proporciona. Si somos capaces de detectar estos gastos ocultos y superfluos y, poco a poco eliminarlos, podremos disminuir el costo de los productos que ofrecemos y, como consecuencia, aumentar el beneficio y ser más competitivos.

Un ejemplo muy difundido pero que ilustra a la perfección esta propuesta es la fabricación de piezas metálicas: la materia prima llega a la planta y espera un tiempo antes de ser volcada en un horno de fundición. A continuación, se transportan hacia otra zona donde se clasifican y preparan para el mecanizado. Luego de inspeccionarlas, pasan al montaje y vuelven a esperar antes de ser entregadas. ¿Qué le interesa al cliente? Menos del 30 % del proceso, sólo le interesa la fundición, el mecanizado y el montaje. El resto de las acciones, los traslados, las inspecciones, suelen ser parches de cada fábrica al disponer de una u otra forma las zonas de trabajo y al no asegurar de antemano que todas las piezas se fabriquen con la misma y exacta calidad. Por tanto, son tareas superfluas y deberían acortarse en tiempo y en espacio hasta desaparecer. El mismo pensamiento se puede aplicar a cualquier proceso sea industrial, de servicios o administrativo.

La propuesta es eliminar los gastos superfluos: el espacio, los tiempos de espera, los movimientos innecesarios, las duplicaciones de responsabilidades y tareas, etc. De ninguna manera, el know-why y el know-how de una empresa como el talento de sus trabajadores y los sueldos asociados, o al menos no de los que están dispuestos a cambiar su día a día en pro de una mejora.

El concepto que propongo no es novedoso. Se basa en los principios de la gestión Lean y del método Toyota. Desde hace muy pocos años, estas ideas se están implantando con furor en sectores tan diversos como la banca, la alimentación, la construcción y la salud. Sin embargo, el low cost empresarial no es lo mismo que Lean. Para que una empresa sea realmente Lean es necesario ir más allá: los gerentes y directivos deben plantear una estrategia – mejor propia que copiada - a largo plazo que pueda ser entendida y seguida por todos los trabajadores y donde se visualice continuamente el valor-cliente. Mientras tanto, el low cost, la reducción de costes, puede ser un primer paso.
Hasta la próxima!

Cecilia W.
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  • 17 marzo, 2015Fecha: